La muerte en Beverly Hills

En mis tiempos de adolescente bachiller, el poeta más leído entre los pocos aficionados a la poesía (muchos a tenor de la situación actual) era Antonio Machado. Yo sentía mayor debilidad por los poetas de 27, aunque el primer libro por el que me sentí seducido pertenecía a un poeta del grupo que se dio en denominar como " los nueve novísimos": "La muerte en Berverly Hills" de Pere o Pedro Gimferrer (por ambas acepciones se puede encontrar información). Tengo que reconocer que aquel gusto por las vanguardias no respondía formación literaria ni a mis lecturas, más bien escasas para tener criterio; aún así me entusiasmó tanto que hice una copia a máquina de aquel poemario, por entonces para mi inconseguible, donde la fascinación por el celuloide está detrás de cada estrofa.
Una amiga me lo había recomendado, la cuestión era hacérmelo llegar. Llamar a una puerta y preguntar se consideraba una osadía en los aburridísimos colegios-internados de la Iglesia en las ciudades pueblerinas. La solución fue esperar al paseo del mediodía, y en un instante se salió uniformada de la fila sin más tiempo de ponerlo en mis manos y decirme: "La mejor, la quinta".
Quizá fuera por huir de aquel mundo colegial pacato, obsesionado por ocultarnos la vida lo que me atrajo del libro, un mundo se sensaciones e imágenes que formaban parte de un paraíso, un lenguaje nuevo lleno de secuencias que podrían filmarse.
Publico la parte V, que termina en esos tres versos que me siguen maravillando, donde el desamor se convierte en aroma.
En las cabinas telefónicas
hay misteriosas inscripciones dibujadas con lápiz de labios.
Son las últimas palabras de las dulces muchachas rubias
que con el escote ensangrentado se refugian allí para morir.
Última noche bajo el pálido neón, último día bajo el sol alucinante,
calles recién regadas con magnolias, faros amarillentos de
los coches patrulla en el amanecer.
Te esperaré a la una y media, cuando salgas del cine -y a
esta hora está muerta en el Depósito aquélla cuyo
cuerpo era un ramo de orquídeas.
Herida en los tiroteos nocturnos, acorralada en las esquinas
por los reflectores, abofeteada en los night-clubs,
mi verdadero y dulce amor llora en mis brazos.
Una última claridad, la más delgada y nítida,
parece deslizarse de los locales cerrados:
esta luz que detiene a los transeúntes
y les habla suavemente de su infancia.
Músicas de otro tiempo, canción al compás de cuyas viejas
notas conocimos una noche a Ava Gardner,
muchacha envuelta en un impermeable claro que besamos
una vez en el ascensor, a oscuras entre dos pisos, y
tenía los ojos muy azules, y hablaba siempre en voz
muy baja- se llamaba Nelly.
Cierra los ojos y escucha el canto de las sirenas en la noche
plateada de anuncios luminosos.
La noche tiene cálidas avenidas azules.
Sombras abrazan sombras en piscinas y bares.
En el oscuro cielo combatían los astros
cuando murió de amor,
y era como si oliera muy despacio un perfume.
"La muerte en Berverly Hills". Pere Gimferrer.
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Autor: Cosechadel66
Fecha: 22/03/2009 15:36.
Autor: Miguel
Fecha: 22/03/2009 16:53.
Autor: Anónimo
la noche en unas horas. Es un claro de luna borroso y húmedo
como en una antigua película de amor y espionaje.
Déjame guardar una estrella de mar entre las manos.
Qué piel tan delicada rasgarás con tus dientes. Muerte, qué labios,
qué respiración, qué pecho dulce y mórbido ahogas.
"La muerte en Beverly Hills" 1968
Fecha: 26/03/2009 02:25.
Autor: Miguel
Los asesinos llevan zapatos de charol. Fuman rubio, sonríen.
Disparan.
La orquesta tiene un saxo, un batería, un pianista. Los cantantes.
Hay un número de strip-tease y un prestidigitador.
Aquella noche llovía al salir. El cielo era de cobre y luz
magnética.
Fecha: 26/03/2009 11:06.


