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Punto de fuga digital

Harlem

Harlem


(...) Pero Harlem no siempre fue la metáfora de la putrefacción de la Gran Manzana. A finales del siglo XVII, Nieuw Harlem, a 15 kilómetros del recién nacido corazón de Nueva Ámsterdam, era, como su nombre delataba, una tranquila colonia de apacibles granjeros holandeses. En las primeras décadas del siglo XIX, se convirtió en el lugar en que los ricos edificaban sus suntuosas mansiones en el campo siguiendo arcaizantes modelos importados de la vieja Europa. A punto de alcanzar el siglo XX, con la epidermis urbana tensándose sin cesar para envolver en alquitrán y ladrillo la superficie alargada de Manhattan, Harlem fue víctima de la euforia de los especuladores del terreno que imaginaban que podían repetir en sus márgenes los éxitos logrados en la urbanización del Upper West Side. Tiempo después de haber completado su construcción, los nuevos edificios seguían sin ocuparse, las rentas bajaron y el área se convirtió en un lugar de acogida para la cada vez más numerosa población negra que abandonaba el profundo sur del país en busca de un mejor nivel de vida y una segregación más dulce. Alrededor de 1920, entre 100.000 y 200.000 almas compartían un espacio que, por comparación con otras situaciones de injusticia, tenía el derecho a considerarse privilegiado.
Fue ese el momento de lo que se llamó el Harlem Rennaisance, que atrajo a intelectuales y artistas de una comunidad en trance de edificar con orgullo los signos y las manifestaciones de su identidad colectiva. El jazz fue la expresión más visible de esa era surgida entre nubes de humo y vapores de alcohol clandestino de las noches del Cotton Club, el Small’s Paradise, el Connie’s, el Minton’s Playhouse y el Apollo Theater. La esencia efímera de lo irrepetible fluía nota a nota, noche tras noche, en las voces y los instrumentos de Bessie Smith, de Billie Holliday, de Duke Ellington o de Leadbelly. Pero la música no fue el único signo de ese renacimiento cultural: la literatura y el teatro también vivieron su edad de oro y desde allí irradiaron a la Vieja Europa, incluso a la atribulada España de aquel tiempo, cuando el poeta Langston Hughes y el actor y cantante Paul Robeson visitaron las trincheras de la España republicana. (...)

La imagen y el texto pertenece a este magnífico  PDF  de José Lozano con fotografía Joan Costa.

Son tantas las referencias, que solo enlazo dos lugares emblemáticos, aunque creo que el Cotton Club ya no está en su emplazamiento original.

 

 

Cotton Club
 
 
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1 comentario

Fernando -

Es como estar allí... no en el espacio, sino en el tiempo.
Saludos.
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