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Punto de fuga digital

Aphrodisias

 
 

 Las estatuas griegas y romanas terminaban con frecuencia en decapitación: cuando no eran las adversidades inciertas del tiempo era la mano del hombre, para el reparto acordado del botín.

Los evergetas compraban la
inmortalidad entregando su dinero
para la pública hacienda o deleite,
y como benefactores ponían
su figura en los lugares públicos.
La tierra que después les protegió,
ya no podrá devolverles el descanso

 

Llueve en Aphrodisias,
encuentro refugio en el fondo de museo
donde se alinean las estatuas decapitadas.
Sólo permanece altiva y digna la esposa de Publio Marco,
fiel por lo que se le supone.
Los turistas recorren la piedra con las manos,
buscan el gesto que les dio la vida,
pero ante ella se detienen,
como se detuvo el bárbaro asesinato.
Mientras cae la lluvia sobre el foro,
la fidelidad alcanza latitudes insospechadas,
sobre su semblante adusto descansa la inmortalidad,
que salva de las tinieblas
a los rostros rendidos por la piqueta.

("El lugar de los objetos" Miguel L. Vidal)

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