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Punto de fuga digital

Los gestos

 

 

Foto: Danny Fontaine

La amiga amama (abuela en euskera), "Jaio, la joía espía" como le gusta firmar con tanto humor, que ahora anda por NY, nos deja sus impresiones paseando al nieto, contenta con las sonrisas y la amabilidad de los neoyorquinos.

Sabes, Jaio, eso me recuerda a las películas americanas, tan solícitos en dar la bienvenida al nuevo vecino. Allá por los  80, pude comprobar esas buenas maneras viajando en un tren de compartimentos atravesando Castilla. Entró un matrimonio de ancianos, nada más sentarse, a la vez que se presentaban por sus nombres y como californianos, me informaron de la finalidad del viaje; correctísimos. Pasé por unos instantes de confusión, como si estuviera ante dos locos, porque aquí en esas circunstancias se esperan las buenas tardes y a mirar para otro lado; todo lo demás puede ser recibido como impertinencia. Y si es un transporte de cercanías, saludar se considera una intromisión en la intimidad.

Quizá exagero. Pero creo que con el tiempo nos vamos acercando a las costumbres de los pueblos más antipáticos, y ni siquiera adoptamos otras, tan sanas como compartir mesa mientras solitariamente tomamos una cerveza, como hacen los ingleses en los pubs cuando están todas ocupadas, o aceptar un poco de conversación. Hay situaciones extremas, como le oí en una entrevista a Zoe Valdés, más o menos decía que la gente en el metro de París baja la cabeza y guarda silencio, mientras que en el transporte público de la Habana, se mira a los ojos y bromea.

Aunque cada país tiene su código a la hora de interpretar los gestos, a todos nos gusta que nos miren y sonrían cuando alguien se dirige a nosotros, aun no nos conozca. Puedo aseguraros que a mí también cuesta ser más amable, debe de ser el virus del sentido del ridículo.

Disfruta, Jaio.

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5 comentarios

Butterfly -

En Tren.


Yo, para todo viaje
—siempre sobre la madera
de mi vagòn de tercera—,
voy ligero de equipaje.
Si es de noche, porque no
acostumbro a dormir yo,
y de día, por mirar
los arbolitos pasar,
yo nunca duermo en el tren,
y, sin embargo, voy bien.........

Antonio Machado.

elsa -

No estoy a favor de ir contando mi vida a desconocidos..¿a quien le importa?.Y no veo que eso sea egoismo como dice Centinela..eso es no meterse en los asuntos ajenos.
Ahora bien, si es en situación de ayudar a alguien o si te piden conversación ..eso es otra cosa..
Se puede ser educado y no tener que ir intimando con cualquiera que se sienta a tu lado.
Para viajes largos se lleva un libro o el mp3.
Adeu.

Centinela Digital -

La gente desconfia, no se abre, no se comunica...tiene miedo de contar una pequeña parte de su intimidad a un desonocido, o simplemente no le interesa, ensimismados en sus propios asuntos, se olvidan de dar los buenos dias al conductor del Bus o de ceder su asiento, es la instauración del egoismo.
Aun asi, un atisbo de esperanza para los que quieran renacer esta buena costumbre de las relaciones extrovertidas y enriquecedoras:
Aqui te dejo un enlace, querido amigo, para seguir paso a paso las indicaciones.(aunque creo que a tí no te haría falta.).

http://es.wikihow.com/empezar-una-conversaci%C3%B3n-con-una-persona-en-el-bus-o-el-tren

Miguel -

No recuerdo muy bien, pero creo que trataba de criticar la excesiva frialdad europea en contraste con la entropía caribeña.

Habana -

Si los esquimales se frotan la nariz para expresar una afectuosa congratulación y los japoneses hacen una reverencia para saludarse,coincido con Zoe en que nosotros los cubanos a veces exageramos en esto de los saludos ...
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