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Punto de fuga digital

Compensaciones emocionales

Dicen que la venganza es un plato que se come frío, para evitar que de inmediato se vuelve contra quien la ejecuta.

Palabra fea pensándolo bien, representa todo lo contrario que justicia. Sin embargo, bajo ese término se esconden conductas que no sólo son tales, podríamos decir que entrarían más en la categoría de compensación emocional. Este es el caso de este fragmento del último capítulo, temporada segunda, de la serie MadMen, donde Sra. Draper, separada temporalmente del Sr. Draper, mantiene una relación con una frialdad sorprendente.

MadMen es una serie que marca época, tanto como Los Soprano, que nos resulta familiar porque además de reflejar el ambiente del Manhattan de los sesenta, podemos ver como surge el marketing y la publicidad  tal como ahora, o al menos hasta hora,  la entendemos.

(La escena consta de tres secuencias intercaladas con otras tres paralelas que he eliminado para ajustar la duración: Betty Draper entretiene el tiempo en un bar mientras los hijos hacen la visita a Don Draper en la habitación del hotel donde comen pizza).

De Mad Men a Mad Woman

Ser un MadMen

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Irish Corner

Irish Corner

 

En la mesa,
un hombre fuma y mira hacia la calle,
en frente, corner segundo izquierda
una mujer apura un vaso de cerveza.
Días, noches y días en los mismos asientos,
una fantasía litúrgica como la hiedra
entrelaza las "sílabas vacías",
diríase que en un charco de memoria
se hacen amantes ausentes.

Miguel L. Vidal

"silabas vacías", expresión acuñada por Carlos Sahagún en su poema Sílabas.

Mario Benedetti y la palabra.

"Es tarde. Sin embargo yo daría
todos los juramentos y las lluvias,
las paredes con insultos y mimos,
las ventanas de invierno, el mar a veces,
por no tener tu corazón en mí,
tu corazón inevitable y doloroso
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote".

"Ausencia de Dios" Mario Bendetti

Han pasado sólo unos instantes desde que alguien te cerró los ojos

y de tu "pequeña muerte" empiezas a despertar,

no es posible que  permanezcas ausente en este simulacro de silencio,

no hay palabra que no te recuerde, que no te llame por tu nombre.

Miguel L. Vidal

Magdalenas

Las magadalenas, no sé si por Galdós o Buñuel, o quizá ninguno de los dos, todo sea un error de la memoria, me recuerdan a meriendas de café con leche en casa de señoras aburridas con curas gordos los domingos a la tarde. Esa percepción ha cambiado, la vida tiene referencias que nos hacen sentir con sólo nombrar objetos o  lugares. No imaginaba que alguien me fuera a esperar en la boca del metro con unas magdalenas. Igual que el cariño, necesitan de masa, fuego lento y horno, después como todo lo mejor de la vida, de nada sirve si no se sabe compartirlo.

 

La quietud.

La quietud.


Después de la tempestad
viene la tempestad,

después de la lluvia,
más nubes,

detrás del vino,
la tierra, la parra, el frío de la noche.

Todo viene y va
en una quietud que no cesa.

Sólo si callas no viene nada:
tu arquitectura es la palabra.

Miguel L. Vidal

Son muy higiénicos.

Los condones, siempre fueron cosas de pobres, puteros y antiguos. Ahora preocupan hasta altas instancias religiosas, curiosamente  entonces ni los mencionaban.

En mis tiempos de primera juventud (la segunda nunca sabemos cuando se inicia, si es que llega), al final de los setenta, aún no gozaban de prestigio, otra cosa eran las pildoras anticonceptivas. Sacar la cajita de píldoras del bolso no sólo era bien visto, daba prestigio, incluso había coetaneas que esperaban el café de media mañana para tomarla en público, aunque tal despligue no fuera lo más común, su consumo daba un halo de prestigio.

Los condones  eran otras cosa, postergados de muchas farmacias se pedían en voz baja, eran para amores de dudosa reputación o de escasa altura de miras.

Pero lo bien hecho siempre triunfa, vean el vídeo, se podría hacer un concurso sobre los posibles usos.

 

Enamorarse de quien no se enamora.

Con un tono a medio camino entre la ternura y la preocupación, el escritor expone su visión de algunos de los traumas de una sociedad plagada de carencias educativas y culturales: "La otra revolución actual entre los jóvenes afganos es el cine porno. Lo ven a escondidas, en la televisión por satélite o en Internet. Eso les perturba mucho, imagínese, nunca han recibido una educación sexual. Mire, una vez cogí un taxi en Kabul y me pasó algo increíble. El joven taxista llevaba en el coche un cartelito que decía: ’El amor no es pecado’. Entonces quise hablar de eso con él y el diálogo fue así, más o menos:

- ¿Te has enamorado alguna vez?

-Sí, una vez, locamente.

-¿Te casaste con ella?

-No.

-Pero ¿por qué?

-Porque si ella se enamoró de mí, eso quería decir que se podía enamorar de cualquiera...

Atiq Rahimi (Kabul, 1962) ganó el pasado mes de noviembre el Premio Goncourt, el más prestigioso de la lengua francesa. La piedra de la paciencia, su novela galardonada, se publica ahora en español y en catalán.

Vía Babelia

Decía  Nietzsche que nada sucede que no haya sucedido, y creo que algo tiene que ver con la razón que esgrime el joven taxista para rechazar casarse con quien se enamora de él. La proclividad al enamoramiento, lejos de satisfacerse, se reproduciría con facilidad periódicamente. Además, dicen psicólogos y lo corroboran investigaciones  metabólicas, que el enamoramiento no puede superar los tres años; lo que seguiría es apego.

 

La jaula.

La jaula.

Si ni fuera por lo vetusto de la jaula, propia de zoológico, de aspecto carcelario, no extrañaría.

¿Podrá volar con la imaginación bajo esos barrotes?

Fotografía escaneada del suplemento El País Semanal.

Amores espurios.

Vía telegraph.cu.uk

Cuando la diferencia entre los cónyuges son tan abultadas, hasta el punto de que un supuesto amor es lo único que  tienen en común,  debería ser práctica obligada un un contrato particular, sobre todo cuando esas diferencias extendidas a la situación económica ponen en entredicho la propiedad de una  vivienda de dieciocho millones de dólares. No sé que tiene que ver el amor con la comunidad bienes, a veces mas que blindar el amor lo dinamita,  oculta intereses espurios.

Lo que resulta más asombroso es la frivolidad de muchos adinerados famosos, pagar importantes  emolumentos a abogados y representantes para que estos no consigan poner cordura en la administración de sus bienes, a no ser que el refrán, "tiran más tetas que dos carretas",  tenga mayor de alcance del que podía atribuírsele popularmente. Curiosamente este fenómeno rara vez se da la inversa, será por eso que suelo sentir más admiración por la mujeres que por los hombres.

A Hulk Hogan decir lo siento (como nos enseñó Love Story)  se le queda demasiado corto, el  humor negro le lleva a invocar hasta  O. J. Simpson : "El luchador ha declarado a la revista Rolling Stone que "cuando vives a media milla de lo que siempre ha sido tu hogar y no puedes ni acercarte, y para colmo ves que tu Escalade (un todoterreno) lo conduce un chico de 19 años, que duerme con tu esposa en tu cama..."  Lo que sigue mejor léanlo en 20 minutos.

(Cuando estoy de vacaciones no posteo, de ahí mi ausencia. Leo o escribo cosas bien distintas, algunas salen en post, otras no, como por ejemplo: "Nunca nada es cierto")

Volando voy

No entiendo por qué no he escuchado más a Camarón.

 

El destino.

Puede sonar prepotente, al puro estilo Rey Sol, pero siempre es mejor la prepotencia, que desentenderse de las riendas de la vida: 

"El destino soy  yo"

 

Galería de Shavy

 

Buscando una imagen para ilustrar la entrada encontré  ésta con una bellísma  leyenda que inserto y enlazo desde  Flickr :

En la espalda del destino reza un tatuaje; "Mírame a los ojos"

 

Galería pijus.magnificus

 

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Patrullando por Ciudad Sáder

No puedo decir que las guerras de ahora sean más o menos crueles que las de nuestros ancestros, pero si gracias a los medios de comunicación podemos aproximarnos más al dolor y destrucción que conllevan. Al ver este reportaje fotográfico siento un impulso que me aferra a la paz, como al joven que podemos ver en otra de las fotografías con un chandal del Barca, durante una incursión de las tropas americanas en el barrio Ciudad Sader de Bagdad: el deporte es frívolo,  pero  hermana.

Ramón Lobo en El País:  Patrulla en Ciudad Sader.

 

La muerte en Beverly Hills

Fuente foto

En mis tiempos de adolescente bachiller, el poeta más leído entre los pocos aficionados a la poesía (muchos a tenor de la situación actual)  era Antonio Machado. Yo sentía mayor debilidad por los poetas de 27, aunque el primer libro  por el que me sentí seducido pertenecía a un poeta del grupo  que se dio en denominar  como " los   nueve novísimos": "La muerte en Berverly Hills" de Pere o Pedro Gimferrer (por ambas acepciones  se puede encontrar información).  Tengo que reconocer que aquel gusto por las vanguardias  no respondía  formación literaria ni a mis lecturas, más bien escasas  para tener criterio; aún así me  entusiasmó tanto que hice una copia a máquina de aquel poemario, por entonces para mi inconseguible,  donde la fascinación por el celuloide está detrás de cada estrofa. 

Una amiga me lo había recomendado, la cuestión era hacérmelo llegar.  Llamar  a una puerta y preguntar se consideraba una osadía en los aburridísimos colegios-internados de la Iglesia en las ciudades pueblerinas.  La solución fue esperar al paseo del mediodía, y en un instante se salió  uniformada de la fila sin más tiempo de ponerlo en mis manos y decirme: "La mejor, la quinta".

Quizá fuera por huir de aquel mundo colegial pacato, obsesionado por ocultarnos la vida lo que me atrajo del libro, un mundo se sensaciones e imágenes que formaban parte de un paraíso,  un lenguaje  nuevo lleno de  secuencias que podrían filmarse.

Publico la parte V,  que termina en esos tres versos que me siguen maravillando, donde el desamor se convierte en aroma.

En las cabinas telefónicas
hay misteriosas inscripciones dibujadas con lápiz de labios.
Son las últimas palabras de las dulces muchachas rubias
que con el escote ensangrentado se refugian allí para morir.
Última noche bajo el pálido neón, último día bajo el sol alucinante,
calles recién regadas con magnolias, faros amarillentos de
los coches patrulla en el amanecer.
Te esperaré a la una y media, cuando salgas del cine -y a
     esta hora está muerta en el Depósito aquélla cuyo
     cuerpo era un ramo de orquídeas.
Herida en los tiroteos nocturnos, acorralada en las esquinas
     por los reflectores, abofeteada en los  night-clubs,
mi verdadero y dulce amor llora en mis brazos.
Una última claridad, la más delgada y nítida,
parece deslizarse de los locales cerrados:
esta luz que detiene a los transeúntes
y les habla suavemente de su infancia.
Músicas de otro tiempo, canción al compás de cuyas viejas
     notas conocimos una noche a Ava Gardner,
muchacha envuelta en un impermeable claro que besamos
    una vez en el ascensor, a oscuras entre dos pisos, y
    tenía los ojos muy azules, y hablaba siempre en voz
    muy baja- se llamaba Nelly.
Cierra los ojos y escucha el canto de las sirenas en la noche
    plateada de anuncios luminosos.
La noche tiene cálidas avenidas azules.
Sombras abrazan sombras en piscinas y bares.
En el oscuro cielo combatían los astros
cuando murió de amor,
                                       y era como si oliera muy despacio un perfume.

"La muerte en Berverly Hills". Pere Gimferrer.

 

Lejos de la tierra quemada.

Dos amantes perecen carbonizados en una caravana con los cuerpos fundidos por el calor mientras yacían juntos. Un hijo de cada uno se unen para averiguar el sentimiento que les llevó a encontrar la muerte en un lugar apartado del desierto. Intentarán inútilmente entrar en su piel, pero no lo conseguirán, sí el espectador.

Los indicios están ahí, pero para ellos son inaccesibles, no hay nada más opaco que los sentimientos no confesados, siempre la imagen de los que más dependemos afectivamente es deshumanizada, tan ajena a la pasión y tan posesiva  como inquebrantable. Entrar por la puerta de atrás puede acabar en tragedia, perder el control de la propia vida. Acercarse a otros mundos que conviven entre los nuestros  sólo es posible desde la distancia.

Creo no haber contado la película, sólo una posible lectura.

Trailer en Notas de Cine

Crítica de Carlos Boyer en El País

Todo se convierte en mierda.

Ya he dejado por aquí mi debilidad por algunas series,  entre ellas "Los Soprano", grandísimos guiones. Y hoy me he tropezado con una secuencia en Facebook que ya conocía, quiero decir que la recordaba, pero al volverla a ver  me ha sorprendido la última frase, expresiva donde las haya, con ese descaro cínico muy made in usa.

 

Antes de que llegaran las palomitas.

Fotografia : Weegee

Antes de que llegaran las palomitas y éstas fueran el principal ingreso de las salas de cine, acudíamos imberbes,  con el "carné" olvidado encima del piano, como ironizaba un  portero antes dejarnos pasar a ver el "estreno semanal",  que casi siempre era para mayores de dieciocho años. El citado portero además se recreaba comentando los objetos (no tan insólitos) que se encontraban en las butacas, nada que ver son latas y cajas vacías. Y es que a las salas de cine no se acudía a merendar, también era lugar  de intimidad para las parejas que no tenían otro lugar, o querían esquivar la "estrecha" moral.

Los amigos Cela y Alfonso Canales dejaron testimonio literario de esta universal costumbre (como ilustra la foto de Weege)  en dos magistrales cartas, de un divertido suceso que acabó en los tribunales: "La insólita y gloriosa hazaña del cipote de Archidonaque incluso se llevó al cine.

No he encontrado el texto en la red, sólo  reseñas: "¡Cuán grandes son los países en los que los carajos son procesados por causa de siniestro!”

No se muera, nunca señor Eastwood.

EL GRAN TORINO

A veces se da la trágica situación que aquellos sentimos más distantes, e incluso se desprecia como lo hacía Walt Kowalski (protagonista de la pelicula, encarnado por el mismo Clint Eastwood) son quienes tienen más en común con nosotros: el desarraigo interior no tiene límites ni fronteras.

Conmovedora lección moral: la soledad  y la muerte son la misma cara de la moneda, no hay monstruo que no pueda ser rescatado.

No se pierdan la crítica  "El ogro era romántico":  Todo fluye y palpita en esta película magistral, concebida con los medios justos, con enorme talento, con sentido moral. Es normal que la emoción explote con un desenlace tan imprevisible como épico. No se muera nunca, señor Eastwood." Carlos Boyero en EL País y el contexto histórico: "La resurrección de los hmongs"

Siberia

Hace años tuve la fantasía de atravesar Siberia en el Transiberiano, nada tiene que ver con la canción de Manu Chao, Siberia, que me parece una simplicidad engañosa, con un idea nada original y un vocabulario muy común ha conseguido un "gran" expresividad sin caer en el tópico.

El unico es Blogia, se niega a insertar el reproductor, no hay otro remedio que seguir el enlace.

i believe in you 
i believe in love 
i believe in hope 
waiting for your call 
i believe in 
 
i believe in you 
i believe in love 
i believe in hope 
waiting for your call 

i believe in rock 
 
siberia en mi cama 
siberia en la habitación 
siberia en tu mirada 
siberia en tu corazón 
 
toda siberia entre tú y yo 
toda siberia so’ pa tú y yo 
siberia de noche 
siberia tan fría 
siberia tan blanca 
siberia vacía 
 
toda siberia entre tú y yo 
toda siberia so’ pa tú y yo 
siberia tan grande 
siberia tan fría.

 

Otra Siberia en francés, también de Manu Chao, más melancólica.

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La profesora de baile.

Había  organizado coreografías y bailado en actuaciones de  Oscar de León o Juan Luis Guerra, quiso hacerlo con Celia Cruz, a quien llegó a conocer. Como muchas bailarinas de salsa también se dedicó a dar clases. Sabe llevar a la pareja con maestría,   busca y acopla el paso inexperto,  hace fácil lo complejo, comunica seguridad en cada gesto. Cuando se sienta su conversación es como otra coreografía de movimientos y colores, cuenta, guarda silencio y vuelve en una nueva melodía. Habla de su vida como quien regala parte de de sí misma. Amó, pero siempre supo que en el amor hay que reafirmarse, no perderse en el otro, el amor se sostiene mirándose de frente  uno mismo. Y ese valor le salvó la vida cuando falló la coordinación en un movimiento repetido mil veces. Un golpe brutal al caer de espaldas le rompió varias vertebras, la palidez  del rostro impresionó a todos lo que le rodeaban. El riesgo de parálisis era más que un probabilidad, entonces tuvo que desplegar toda su capacidad de amar en la vida para amarse a sí misma, cuidarse, velar su propio cuerpo. Permaneció semanas inmóvil en la cama con la ayuda de unas guías, inventado formas para poder beber y comer con mínimos movimientos de los brazos. Pasaron meses y no parecía posible volver a mantener el cuerpo erguido. Algunos años después le miraba a los pies tratando de hacerlos desaparecer entre los suyos: "Ya me cogió el paso, ahora deje que el cuerpo se vaya llenando de ritmo".

 

Ocasos estacionales.

A lo largo de la vida hay amaneceres, anocheceres, ocasos y todo lo que se le ocurra. Se habla de edades, de lo que a cada edad le correponde, aunque no creo más que en reglas personales me gusta cuando se arremete contra los tópicos.

Dice Javier Cercas en "El bache"  que "las dos épocas más felices de la vida son los veinte años y los sesenta, la juventud y la jubilación. Lo de los jóvenes es obvio; a los veinte años, uno se dedica a las cosas más satisfactorias que existen: enamorarse, follar, beber cerveza y tirar croquetas a los ventiladores durante las farras. Lo de los jubilados no es tan obvio, pero es igualmente cierto".

Sin embargo, "el bache" lo encuentra a los cuarenta:  "Un bache, Dios santo: lo que se produce es un socavón espeluznante. El cuarentañero no se enamora, apenas folla, apenas bebe cerveza, jamás tira una croqueta a un ventilador; de la vida se acuerda, pero dónde está. Vive encajonado entre unos hijos demasiado niños y unos padres demasiado viejos: cuida de los hijos, pero se siente culpable de no cuidar suficiente de los hijos; cuida de los padres, pero se siente culpable de no cuidar suficiente de los padres". 

Aunque se puede ver en esta edad la etapa más productiva y creativa de la vida, a fe mía que razón no le falta.

Foto Trevor Brady

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