Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2008.
Resumen
- 01/02/2008 20:19 - El precio de la inmortalidad
- 04/02/2008 21:50 - Lo que bien empieza...
- 08/02/2008 20:11 - Los Soprano: fundido en negro
- 14/02/2008 16:10 - Transamérica, otro viaje a Ithaka
- 19/02/2008 19:48 - El cuerpo prohibido
- 23/02/2008 14:08 - Omnipotencia ante la inmortalidad
01/02/2008
El precio de la inmortalidad

Los magistrados romanos (así se denomina genéricamente a los cargos públicos) eran con frecuencia evergetas, benefactores que conseguían prestigio con magnánimos estipendios para financiar la construcción de edificios públicos, organizando distribuciones (banquetes, repartos de grano, aceite o dinero) y espectáculos, abriendo gratuitamente las termas o incluso saldando balances negativos con su propia fortuna. Con ello pretendían el honor de tener su estatua o al menos su nombre en lugares públicos. No olvidemos que en la creencias religiosas de griegos y romanos no figuraba el paraíso, la inmortalidad significaba permanecer entre los vivos.
En nuestro país ya es costumbre buscarse apoyos electorales prometiendo reducciones de impuestos o subidas de pensiones, no importa tanto el efecto inmediato como valorar las posibles consecuencias indeseables a largo plazo. Pero nunca se había prometido dinero contante y sonante, sin otra justificación que repartir excedente de los impuestos. Sencillo, basta no gastarlo ni invertirlo.
Imagino, se trata de mantener poder, no tanto de la inmortalidad, y si así fuera se merecerían ostracismo eterno, aunque a veces el olvido sea el mejor bálsamo. Lo que no es óbice para que determinadas fórmulas de hacer campaña estuvieran sujetas a pacto o regulación.
04/02/2008
Lo que bien empieza...
Las buenas maneras abren muchas puertas y un gesto zalamero puede arrancar una sonrisa.
08/02/2008
Los Soprano: fundido en negro

El final de la serie de los Soprano, como dice Carlos Boyero en El País, deja fría o desconcertado gran parte del público, coincido en que fue una serie muy cinematográfica, una magistral película de más de 4.300 minutos.
Cualquier personaje es sumamente poliédrico, y todos tenemos alguno favorito dentro en una de las dos familias Soprano, la biológica o la del crimen. Yo simpaticé con Steven Van Zandt (Silvio Dante en la ficción) por eso de ser de la banda del Boss , por el excéntrico tupé y esa expresión cínica, introvertida y calculadora, tan lejos de la cólera del resto de los hombres de acción.
El final trágico no me ha sorprendido. Comienza con toda una imparable mala racha del cabeza de la familia: fracaso para depararles un futuro a los hijos fuera del entorno de la mafia, perdida de sicarios y parientes más cercanos, la humillación de tener que colaborar con el FBI para protegerse de su propia actividad criminal, un juicio que hace casi inevitable el paso por prisión, y por si fuera poco, el abandono de la terapeuta que le ayuda con sus ataques de pánico; por último, el factor del desenlace, la guerra entre clanes mafiosos, víctimas de su bestial ambición y crueldad.
En los cuatro último minutos vemos por primera vez dos secuencias que van intercalando desde un punto de vista desconocido y enigmático: las intrascendentes maniobras de Meadow Soprano para aparcar el auto frente al restaurante de comida rápida, donde le espera la familia escuchando música y comiendo aros de cebolla; que a su vez son observados junto a otros personajes que se mueven sospechosamente hasta la entrada en el restaurante, que es el momento del brusco fundido en negro final.
No fue posible esa chispa de humor negro que acompañó minutos antes la muerte Phil Leotardo (jefe de la vecina familia rival de New York), porque se trata de la familia unida la que va a ser asesinada cuando se sabe que sólo se tiene así misma. Atrás quedaron los recelos de su mujer y sus dos hijos que en algún momento cuestionaron la licitud de su fortuna, mientras suena Dont stop believing.
Remake publicitario para la campaña de Hilary con ella y Clinton como protagonistas
14/02/2008
Transamérica, otro viaje a Ithaka
Transámerica es una road movie de un transexual que acompaña a su hijo en busca de su padre, sin que sepa que él (o ella) es padre y madre a la vez. Una situación edípica que se ve venir y les lleva a enfrentarse con la realidad, un viaje a Ithaka donde el destino son los sentimientos encontrados de los personajes.
Con ella ganó El Globo de Oro, Felicity Huffman, a la mejor actriz.
19/02/2008
El cuerpo prohibido
Donde va el cuerpo va la censura de lo políticamente correcto, la desnudez sigue estando perseguida.
De una entrada de Tiscar.com recojo este cartel censurado en el Metro de Londres (ya sabemos que el "tubo " no es un museo) sobre una próxima exposición por temor a herir sensibilidades.

Y acompaña de dos casos ilustrativos más. Este cartel de la retirada campaña contra el sida en Francia.

Y estas dos fotografías que inexplicablemente provocaron cierres en los "Spaces", tema al que dedicó un post en su blog:
Por cierto, no hay ninguna ley en nuestro país que prohiba estar desnudo en la playa ni siquiera salir a la calle sin ropa. Si el enlace te parece dudoso, un vistazo en Google lo ratifica, basta poner dos palabras: nudismo ley.
23/02/2008
Omnipotencia ante la inmortalidad

De un artículo en el País Semanal de Maruja Torres "Entre Dioses" entresaco la parte final, bien podría ser un precioso relato breve:
"Aquélla iba a ser una reunión importante, porque los dioses, por encima de todo otro sentimiento, se sentían deprimidos e impotentes. Y en materia divina, hasta ahí podían llegar.
–Reconozcamos que hemos sido mal interpretados, los tres, y que esto pinta muy mal –terció el que tenía mejor carácter–. Mi receta de amor al prójimo del mundo no parece ser suficiente para desterrar los odios más fanáticos, que se centran precisamente en los otros. Y quienes deberían predicar con el ejemplo se encuentran poseídos por el fanatismo y entregados a las ambiciones del poder terrenal.
–Lo cual significa que hemos contribuido a expansionar la industria armamentística cuando sólo queríamos mejorar el mundo –intervino el tercero, que también estaba resentido por la forma en que los intermediarios interpretaban sus dichos allá abajo.
En aquellos instantes que, aunque eternos, se alejaban como luciérnagas en la noche, un cuarto dios se hizo sitio entre ellos. Era muy vaporoso, pero tenía la lengua muy larga, como comprobaron en su primera intervención:
–Recordad que a los dioses nos inventan los hombres. Ahora mismo ni siquiera estamos aquí, sino en la pesadilla de alguien. Lo cual resulta humillante para un dios, por falso que sea.
–Y tú, ¿quién eres?
El tío tenía una plumaza impresentable, concluyeron los tres usando el modo telepático privado, para asegurarse de que el advenedizo no podía escucharles.
–No os preocupéis, que no soy divino, sino profundamente humano, y, por tanto, he fracasado también. Vengo de la Era de la Razón, del Tiempo de las Luces, soy lo que queda de aquella época en la que la Humanidad creyó que no volvería a necesitaros. Ya me veis: una pluma apenas, ni siquiera una plumaza, como vosotros pensáis.
Lo último lo dijo con retintín.
–Vuestra derrota, en el improbable caso de que existierais, y con ser mala, no sería peor que la mía, porque no sólo he perdido la compañía de las mentes lúcidas, sino que, además, heme aquí departiendo con vosotros.
–¿Y si nos suicidáramos? –los otros le miraron con esperanza–. Correría la voz de que Dios ha muerto y quizá empezaran a hacer las cosas bien.
–No podéis. Se os supone tan omnipotentes que no podéis hacer nada contra vuestra inmortalidad, lo cual os convierte en impotentes. ¿Jugáis al póquer?"


