Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2009.
Resumen
- 02/03/2009 16:50 - La profesora de baile.
- 04/03/2009 15:15 - Siberia
- 09/03/2009 14:28 - No se muera, nunca señor Eastwood.
- 13/03/2009 15:46 - Antes de que llegaran las palomitas.
- 16/03/2009 01:10 - Todo se convierte en mierda.
- 18/03/2009 18:55 - Lejos de la tierra quemada.
- 22/03/2009 15:13 - La muerte en Beverly Hills
- 28/03/2009 12:17 - Patrullando por Ciudad Sáder
- 31/03/2009 11:01 - El destino.
La profesora de baile.

Había organizado coreografías y bailado en actuaciones de Oscar de León o Juan Luis Guerra, quiso hacerlo con Celia Cruz, a quien llegó a conocer. Como muchas bailarinas de salsa también se dedicó a dar clases. Sabe llevar a la pareja con maestría, busca y acopla el paso inexperto, hace fácil lo complejo, comunica seguridad en cada gesto. Cuando se sienta su conversación es como otra coreografía de movimientos y colores, cuenta, guarda silencio y vuelve en una nueva melodía. Habla de su vida como quien regala parte de de sí misma. Amó, pero siempre supo que en el amor hay que reafirmarse, no perderse en el otro, el amor se sostiene mirándose de frente uno mismo. Y ese valor le salvó la vida cuando falló la coordinación en un movimiento repetido mil veces. Un golpe brutal al caer de espaldas le rompió varias vertebras, la palidez del rostro impresionó a todos lo que le rodeaban. El riesgo de parálisis era más que un probabilidad, entonces tuvo que desplegar toda su capacidad de amar en la vida para amarse a sí misma, cuidarse, velar su propio cuerpo. Permaneció semanas inmóvil en la cama con la ayuda de unas guías, inventado formas para poder beber y comer con mínimos movimientos de los brazos. Pasaron meses y no parecía posible volver a mantener el cuerpo erguido. Algunos años después le miraba a los pies tratando de hacerlos desaparecer entre los suyos: "Ya me cogió el paso, ahora deje que el cuerpo se vaya llenando de ritmo".
Siberia
Hace años tuve la fantasía de atravesar Siberia en el Transiberiano, nada tiene que ver con la canción de Manu Chao, Siberia, que me parece una simplicidad engañosa, con un idea nada original y un vocabulario muy común ha conseguido un "gran" expresividad sin caer en el tópico.
El unico es Blogia, se niega a insertar el reproductor, no hay otro remedio que seguir el enlace.
i believe in you
i believe in love
i believe in hope
waiting for your call
i believe in
i believe in you
i believe in love
i believe in hope
waiting for your call
i believe in rock
siberia en mi cama
siberia en la habitación
siberia en tu mirada
siberia en tu corazón
toda siberia entre tú y yo
toda siberia so’ pa tú y yo
siberia de noche
siberia tan fría
siberia tan blanca
siberia vacía
toda siberia entre tú y yo
toda siberia so’ pa tú y yo
siberia tan grande
siberia tan fría.

Otra Siberia en francés, también de Manu Chao, más melancólica.
No se muera, nunca señor Eastwood.

A veces se da la trágica situación que aquellos sentimos más distantes, e incluso se desprecia como lo hacía Walt Kowalski (protagonista de la pelicula, encarnado por el mismo Clint Eastwood) son quienes tienen más en común con nosotros: el desarraigo interior no tiene límites ni fronteras.
Conmovedora lección moral: la soledad y la muerte son la misma cara de la moneda, no hay monstruo que no pueda ser rescatado.
No se pierdan la crítica "El ogro era romántico": Todo fluye y palpita en esta película magistral, concebida con los medios justos, con enorme talento, con sentido moral. Es normal que la emoción explote con un desenlace tan imprevisible como épico. No se muera nunca, señor Eastwood." Carlos Boyero en EL País y el contexto histórico: "La resurrección de los hmongs"
Antes de que llegaran las palomitas.

Antes de que llegaran las palomitas y éstas fueran el principal ingreso de las salas de cine, acudíamos imberbes, con el "carné" olvidado encima del piano, como ironizaba un portero antes dejarnos pasar a ver el "estreno semanal", que casi siempre era para mayores de dieciocho años. El citado portero además se recreaba comentando los objetos (no tan insólitos) que se encontraban en las butacas, nada que ver son latas y cajas vacías. Y es que a las salas de cine no se acudía a merendar, también era lugar de intimidad para las parejas que no tenían otro lugar, o querían esquivar la "estrecha" moral.
Los amigos Cela y Alfonso Canales dejaron testimonio literario de esta universal costumbre (como ilustra la foto de Weege) en dos magistrales cartas, de un divertido suceso que acabó en los tribunales: "La insólita y gloriosa hazaña del cipote de Archidona" que incluso se llevó al cine.
No he encontrado el texto en la red, sólo reseñas: "¡Cuán grandes son los países en los que los carajos son procesados por causa de siniestro!”
Todo se convierte en mierda.
Ya he dejado por aquí mi debilidad por algunas series, entre ellas "Los Soprano", grandísimos guiones. Y hoy me he tropezado con una secuencia en Facebook que ya conocía, quiero decir que la recordaba, pero al volverla a ver me ha sorprendido la última frase, expresiva donde las haya, con ese descaro cínico muy made in usa.
Lejos de la tierra quemada.

Dos amantes perecen carbonizados en una caravana con los cuerpos fundidos por el calor mientras yacían juntos. Un hijo de cada uno se unen para averiguar el sentimiento que les llevó a encontrar la muerte en un lugar apartado del desierto. Intentarán inútilmente entrar en su piel, pero no lo conseguirán, sí el espectador.
Los indicios están ahí, pero para ellos son inaccesibles, no hay nada más opaco que los sentimientos no confesados, siempre la imagen de los que más dependemos afectivamente es deshumanizada, tan ajena a la pasión y tan posesiva como inquebrantable. Entrar por la puerta de atrás puede acabar en tragedia, perder el control de la propia vida. Acercarse a otros mundos que conviven entre los nuestros sólo es posible desde la distancia.
Creo no haber contado la película, sólo una posible lectura.
La muerte en Beverly Hills

En mis tiempos de adolescente bachiller, el poeta más leído entre los pocos aficionados a la poesía (muchos a tenor de la situación actual) era Antonio Machado. Yo sentía mayor debilidad por los poetas de 27, aunque el primer libro por el que me sentí seducido pertenecía a un poeta del grupo que se dio en denominar como " los nueve novísimos": "La muerte en Berverly Hills" de Pere o Pedro Gimferrer (por ambas acepciones se puede encontrar información). Tengo que reconocer que aquel gusto por las vanguardias no respondía formación literaria ni a mis lecturas, más bien escasas para tener criterio; aún así me entusiasmó tanto que hice una copia a máquina de aquel poemario, por entonces para mi inconseguible, donde la fascinación por el celuloide está detrás de cada estrofa.
Una amiga me lo había recomendado, la cuestión era hacérmelo llegar. Llamar a una puerta y preguntar se consideraba una osadía en los aburridísimos colegios-internados de la Iglesia en las ciudades pueblerinas. La solución fue esperar al paseo del mediodía, y en un instante se salió uniformada de la fila sin más tiempo de ponerlo en mis manos y decirme: "La mejor, la quinta".
Quizá fuera por huir de aquel mundo colegial pacato, obsesionado por ocultarnos la vida lo que me atrajo del libro, un mundo se sensaciones e imágenes que formaban parte de un paraíso, un lenguaje nuevo lleno de secuencias que podrían filmarse.
Publico la parte V, que termina en esos tres versos que me siguen maravillando, donde el desamor se convierte en aroma.
En las cabinas telefónicas
hay misteriosas inscripciones dibujadas con lápiz de labios.
Son las últimas palabras de las dulces muchachas rubias
que con el escote ensangrentado se refugian allí para morir.
Última noche bajo el pálido neón, último día bajo el sol alucinante,
calles recién regadas con magnolias, faros amarillentos de
los coches patrulla en el amanecer.
Te esperaré a la una y media, cuando salgas del cine -y a
esta hora está muerta en el Depósito aquélla cuyo
cuerpo era un ramo de orquídeas.
Herida en los tiroteos nocturnos, acorralada en las esquinas
por los reflectores, abofeteada en los night-clubs,
mi verdadero y dulce amor llora en mis brazos.
Una última claridad, la más delgada y nítida,
parece deslizarse de los locales cerrados:
esta luz que detiene a los transeúntes
y les habla suavemente de su infancia.
Músicas de otro tiempo, canción al compás de cuyas viejas
notas conocimos una noche a Ava Gardner,
muchacha envuelta en un impermeable claro que besamos
una vez en el ascensor, a oscuras entre dos pisos, y
tenía los ojos muy azules, y hablaba siempre en voz
muy baja- se llamaba Nelly.
Cierra los ojos y escucha el canto de las sirenas en la noche
plateada de anuncios luminosos.
La noche tiene cálidas avenidas azules.
Sombras abrazan sombras en piscinas y bares.
En el oscuro cielo combatían los astros
cuando murió de amor,
y era como si oliera muy despacio un perfume.
"La muerte en Berverly Hills". Pere Gimferrer.
Patrullando por Ciudad Sáder

No puedo decir que las guerras de ahora sean más o menos crueles que las de nuestros ancestros, pero si gracias a los medios de comunicación podemos aproximarnos más al dolor y destrucción que conllevan. Al ver este reportaje fotográfico siento un impulso que me aferra a la paz, como al joven que podemos ver en otra de las fotografías con un chandal del Barca, durante una incursión de las tropas americanas en el barrio Ciudad Sader de Bagdad: el deporte es frívolo, pero hermana.
Ramón Lobo en El País: Patrulla en Ciudad Sader.
El destino.
Puede sonar prepotente, al puro estilo Rey Sol, pero siempre es mejor la prepotencia, que desentenderse de las riendas de la vida:
"El destino soy yo"

Buscando una imagen para ilustrar la entrada encontré ésta con una bellísma leyenda que inserto y enlazo desde Flickr :
En la espalda del destino reza un tatuaje; "Mírame a los ojos"



